Que la Scénic es mía y le cambio las bombillas cuando quiero.

Siete vidas tengo que cumplir
aguantaré hasta sentir
que este misterio
lo comparto junto a ti.
Uy, uy, uy, mi gato hace uy, uy, uy,
uy, uy, uy, mi gato hace ay, ay, ay, ay,
Rosario Flores.

Hola, amigos, ¡qué jodida es la crisis!… las crisis de pareja son jodidas también, y cambiar una bombilla de una faro de la Scénic más jodido todavía y si combinas pareja y bombillas de Scénic más aún…


Sólo los que han tenido la experiencia y el coraje de cambiar una lampara a ese puto coche son conscientes de que se necesita tener habilidades de contorsionista, paciencia de monje budista, pulso de un neurocirujano, cierto amor al riesgo, buena cantidad de suerte…. y lo más importante: que no te importe que se te llenen los brazos de marcas, heridas y arañazos como si hubieses intentado follarte un gato… al lío.

Hoy quiero sacar a la luz la triste historia de Ulpiano Castellote Briones el Patagorda y Goya Montoya, conocidos como los Buena Rima, mis vecinos del quinto – no, los que gritan cuando se aparean no, los de la otra puerta – propietarios de una Megane Grand Scénic Energy.

Ulpiano el Patagorda no llega a los sesenta años, pero lleva más de 15 años sin trabajar:

– Tengo una incapacidad permanente por lo mío, hijo – me contó una vez.

– ¿Pero tener una pierna más gorda que la otra es incapacitante hasta tal punto?

– A ver, yo tengo las dos piernas iguales, lo que pasa es que tengo un miembro de 75 cm de longitud y 18 cm de diámetro en reposo, además de hipersensible. Antaño lo sujetaba con el cinturón, le daba dos vueltas y simulaba que era un michelín, pero con el roce de la ropa me empalmaba, la sangre se iba toda allí de golpe y me mareaba, entrando en un estado semicatatónico.

– ¿Y lo de la pierna gorda?

– Interesados por mi caso en el Instituto de Biomecánica de Valencia me hicieron una especie de muslera-cartuchera ortopédica, ahí meto el ciruelo y queda apisonado, al no haber roce no hay empalme ni mareos, mi Goya me hace los pantalones a medida y ahí vamos…

Un día al amigo Ulpiano se le empezaron a fundir bombillas del coche con una frecuencia que a Goya se le antojaba excesiva… el bueno de Ulpiano volvía a casa al cabo de varias horas con los brazos como la cara de Freddy Krueger... la tercera vez en una semana que se fundieron bombillas Goya decidió acompañar a su marido.

– Pero Ulpi, cariño, no veo que haya bombillas fundidas.

– No tienes ni puta idea, no ves que parpadean la de posición izquierda y la de cruce derecha titila sospechosamente…

– Qué necesidad hay, Ulpi.

– Vamos a ver, Goya, que la Scénic es mía y le cambio las bombillas cuando quiero.

A ello se puso y tras una hora de poses acrobáticas, cagüendioses y contorsiones; se ve que con el roce del paragolpes al cambiar las bombillas su hipersensible órgano empezó a cobrar vida, la sangre empezó a descender hacia su miembro, todavía nadie sabe muy bien por qué aquello se salió de su habitáculo y Ulpiano dio con sus huesos en el hospital. La escena debió de ser un poema, un ser humano totalmente blanco con un descomunal miembro erecto y  blanquecinos brazos llenos de heridas y arañazos.

Quiso la casualidad que en aquella época la ciudad estuviese en vilo por la presencia de un depravado conocido como El Preñagatas que se dedicaba a mantener relaciones sexuales con gatos, patos, gansos y hasta algún pavo real del Campo Grande a plena luz del día. Parece ser que en el momento que vieron las heridas de Ulpiano se activó el protocolo de actuación contra los folladores de gatos, acudió la policía, algún desalmado, sin esperar a tener pruebas, avisó a la prensa, a los animalistas y a la tuna, que no tenía nada que hacer allí, pero se marcó un Fonseca y un Vallisoletana mientras Ulpiano salía escoltado por dos policías en dirección al juzgado entre los insultos de los animalistas y las preguntas y flashazos de los reporteros.

Una vez en el juzgado y tras pasar la noche en el calabozo, el abogado de Ulpiano consiguió convencer al juez de que lo soltase, Ulpiano no era un violador de gatos, no, Ulpiano era un desgraciado propietario de un vehículo cuyo infernal diseño hacía que cambiar una lampara te convalidase siete asignaturas de Ingeniería Aeronáutica y las prácticas del Grado Superior de Faquir, el juez lo dejo en libertad con obligación de acudir cada quince días al juzgado.

Pero el daño ya está hecho, en el barrio nadie le habla, los niños le señalan por la calle, le han rayado el coche con el mensaje Ulpiano follagatos, su mujer casi no le habla, corroída por la duda, y el hombre anda como alma en pena.

El otro día subía yo a decir algo a los vecinos gritones cuando me encontré con Ulpiano y me le llevé a tomar algo al Nuberu, yo un solysombra, él un café con leche, Juanjo le hace un gato con la crema de la leche… un barista habilidoso y con un punto de mala hostia.

– Ulpiano tío, ¿qué tal?, ¿cómo lo llevas?

– Bueno los brazos bien, casi se han curado. El portanabo me lo han hecho nuevo, reforzado… mi mujer amenaza con abandonarme, sospecha de mí…

– Qué jodido tío, ánimo…

– No si lo peor es lo de Kitty, la gata de los vecinos, que me rehuye, no quiere saber nada de mí, ella también cree que soy el Preñagatas, que lo de dejar a mi mujer y huir con ella no era verdad y que ella para mí era una gata más y no… yo soy hombre de una sola gata…

Buen fin de semana, amigos. Que la fuerza os acompañe.

Photo credit: Kristina Alexanderson 

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