Archivo de la categoría: De Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá.

Alfonsas se toma la licencia de invitar a alguno de sus amigos a escribir en su blog.

El pensamiento gilipollas os hará libres.

Vuelven las colaboraciones de mis amigos “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá”  hoy se une a mi blog Pablo de El Don del Ocio, una web muy recomendable para enterarte de lo que se cuece por Valladolid. Todo un honor que una web seria recomiende a un inconsciente como yo y que su fundador sea tan inconsciente como para echar un rato a escribir en Palabras… ya sabéis que vosotros también tenéis la puerta abierta…  ¡dele, Don Pablo! Sigue leyendo El pensamiento gilipollas os hará libres.

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Romanas, rumanas, mares y bares.

Yo buscaba el libro que ha escrito mi amigo José Javier Padilla “el Moscas” sobre la vida de su mujer Alina Santonjova, una joven inmigrante rumana que llegó a mi pueblo buscándose la vida y lo revolucionó cuando se hizo cargo del bar, dejó de poner cacahuetes de los que tienen una costra de un dedo de sal y patatas fritas revenidas y empezó a poner tapas de verdad, que lo mismo te aliñaba un gazpacho con su ajo y su pepino, que unas papas con arroz, un bonito con tomate o un cochifrito, caldereta, migas con chocolate o cebolleta en vinagreta, morteruelo, lacón con grelos, bacalao al pil-pil o un poquito perejil (que era lo que menos éxito tenía)… José Javier se enamoró perdidamente de Alina, Alina se enamoró perdidamente de José Javier y la madre de José Javier, Josefa la Caraperro, nunca acabó de aceptar la relación ni de aprenderse al nombre de su nuera… para Josefa siempre será “La rumana que vino del bar”.

Quiso la casualidad que entrase en una pequeña librería en busca del libro, quiso la naturaleza que sea miope (mucho) y me vea obligado a usar gafas, quiso el benigno clima vallisoletano que ese día lloviese y, extrañamente para esta ciudad, hiciese un frío de tres pares de cojones, lo que provocó que se me empañasen las gafotas y no viese un pijo, pero yo, impasible el ademán, seguí adelante en mi afán… a causa de mi temporal ceguera adiviné, más que vi, el libro de mi amigo, cuando lo fui a coger una amable señorita se ofreció a firmármelo, que lo firme – pensé yo – si le hace ilusióna mí ya me lo firmará el Moscas en el pueblo, lo pagué, dije adiós y me fui, ignorante de la sorpresa que me esperaba al llegar a casa.

El caso es que a causa de mi momentánea perdida de visión confundí el libro de La rumana que vino del bar con una novela de nombre La romana que vino del mar, obra de la escritora vallisoletana (¿la que amablemente me lo firmó?) llamada Pilar San Juan Manzano, Piluca para sus amigos (me comentan)… y ya que lo tenía por casa me lo he leído… y me ha gustado… mucho… y os lo recomiendo… porque la historia merece la pena…

La novela en cuestión está ambientada en la Roma de Augusto y nos cuenta la vida de Julia, guapa, lista y concebollista (eso no lo dice la autora, pero si sabes leer entre líneas está clarísimo), una inexperta joven que conoce al apuesto Sergio y pasa de no querer saber nada de los hombres a ponérsele los pezones como para colgar a secar togas de la mejor lana del sur de la península itálica recién lavadas y sin centrifugar y decidir que o se casa o se casa. Que os voy a decir una cosa: el tal Sergio es todo en fenómeno que lo mismo si me lo encuentro yo me da por platearme el por qué de este empecinamiento mío en la heterosexualidad… en fin, que el tal Sergio es el yerno perfecto, pero tiene un defecto, quiere ir a buscarse la vida a la recién pacificada Asturia en el norte de Hispania… y hasta ahí voy a contar… Segurísimo que la historia os va a gustar, hay gente buena como una caña con gas y un pincho de tortilla un mediodía de resaca, otros más malos que los cuchillos de IKEA; está Ovidio, el famoso poeta, que habla siempre en verso y cada vez que le dicen cinco, mejillones o conoce a un Montoya lo agradece porque le facilita mucho la conversación y la vida; la gente se quiere como en las canciones de los Camela (La Cabra Mecánica dixit), odia como Paquita la del Barrio y se venga con más saña que Alex Ubago, que le deja una novia y le dedica una canción (o un disco); aparece un tal Nícer, que a este si le conozco abandono todo mi empecinamiento en la ortodoxia heterosexual sí o sí… y aparece Asturias, y la amiga Julia se enamora de Asturias (como es natural) como tu cuñado, pero de verdad, porque para tu cuñado Asturias es cachopo, cabrales y sidra y le da igual comerlo en Sotres o Tazones  que en un bar de La Rondilla, el se cree que por eso ya es medio asturiano; pero Julia se enamora de verdad, se enamora de sus verdes paisajes, de la magia de aquellas tierras, la bravura del mar cantábrico y de los cojonacos de los orgullosos salaenos y su vida en armonía con la madre tierra…

Y si queréis saber más os compráis el libro en Amazon, en El Sueño de Pepa o la Librería Margen si estáis en Valladolid o me mandáis un mensaje y os pongo en contacto con Piluca, porque en realidad es amiga mía y toda esta historia que os he contado es una excusa para escribir una reseña de su libro tal como le prometí cuando me dedicó el libro… y a mí la cabeza sólo me da para cosas como esta, que ya me gustaría que me diese para escribir cosas tan cojonudas como la historia de Julia, la que vino del mar.

La romana que vino del mar en Facebook aquí.

Que la fuerza os acompañe.

Photo Credit: Yo mismo.

PERSONAS, así, con mayúsculas.

 Vuelve, y es la tercera vez, a “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá” , uno de mis mejores amigos, con nosotros el autor de Desde Libia con amor, con el permiso de Don Jesús y mío, Jaime se sale del tono habitual de este blog para contarnos otro sueño, os puede gustar más o menos lo que soñó, por favor, leedlo hasta el final, este es mi blog y los prejucios y el fanatismo, del lado que sean, se dejan detrás de las tres uves dobles…  ¡¡dale, amigo!!

Hoy como de costumbre he vuelto a tener un sueño.

Empiezo mi jornada, al minuto cinco, sólo escucho insultos, escupitajos, las piedras pasan junto a mi cabeza, un adoquín impacta en la cara de mi compañero de la izquierda. Escucho, ¡retroceder! Siguen volando piedras, tornillos, cohetes. Vuelvo a escuchar ¡hay orden de no intervenir!

– ¿Y por qué? – me pregunta otro.

– Yo qué cojones sé, sólo estamos aquí para recibir golpes.

– Pues yo me voy, que les den por culo, a los cafres que nos están agrediendo y a los cafres e indeseables que nos mandan.

– Pero ¿qué coño haces? Te van a expedientar, te van a suspender de empleo y sueldo.

– Que me voy, que tengo mujer y dos hijos pequeños, que esto lo estarán viendo por la televisión, que la Sexta está disfrutando de esta batalla.

– Joder… pues si tú te vas yo me voy contigo, ¿no tendrás una pañuelo blanco?

– Claro, toma.

Mi amigo y compañero extiende el pañuelo y lo coloca en la porra simulando una bandera. Empieza a ondear la bandera blanca. Los cafres flipan, uno de los cabecillas ordena parar el lanzamiento de piedras. El resto de los compañeros de mi grupo alucina con la situación, pero se relajan. Un silencio estremecedor, pero a la vez fantástico, se apodera de la calle. Mi compañero con la bandera en la mano, se quita el casco, deja el escudo en el suelo y da dos pasos para adelante.

Al mismo tiempo el que parece ser el cabecilla de los agresores comienza a caminar hacia mi compañero. La calle sigue en silencio.

Una vez que llegan el uno al otro, comienzan a hablar, pero nadie escucha lo que se dicen, fueron aproximadamente cinco minutos interminables, dos PERSONAS, una frente a otra, hablando en PAZ. Pasados esos minutos, todos vemos como se funden en un fuerte abrazo regresando cada uno hasta su lado de la batalla. De repente vemos como el cabecilla parlamenta con su gente, los cuales empiezan a quitarse sus capuchas y pañuelos que les cubren la cara. Nosotros al ver esto hacemos lo mismo, dejamos todos los cascos y escudos en el suelo. De repente alguien empieza a aplaudir, todos comenzamos a aplaudir, muchos con lágrimas en los ojos, y todos sorprendidos pero felices.

Nos retiramos, nos metemos en la furgoneta y nos marchamos.

– ¿Pero qué os habéis dicho?, yo le pregunto.

– Pues qué le voy a decir, que luchamos por lo mismo, por el trabajo, por las injusticias, que somos trabajadores con un sueldo humilde, que tenemos hijos en su misma situación, en paro, estudiantes sin beca, que a muchos de nosotros nos ha quitado la casa el banco por no llegar a fin de mes, que estamos de acuerdo con la mayoría de sus reivindicaciones, solo que no nos parece la forma de reclamarlo, que “lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia” , que “nadie puede pensar y golpear al mismo tiempo”, que nos podemos parar a pensar y lo mismo llegamos a un acuerdo para luchar juntos pacíficamente por los mismos objetivos comunes.

– Qué grande eres.

Me despierto de mi sueño.

– ¿Dónde estoy?

– Está en el hospital, ayer te abrieron la cabeza de una pedrada, te han dado 17 puntos. Y debes de tener algún daño cerebral, pues mientras estabas inconsciente has empezado a aplaudir.

– No te preocupes, estoy bien. Ha sido un mal….. digo un BUEN SUEÑO.

imagen post 3 jaime

 

Historias africanas.

En “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá” Menchu, con uno de sus chistes customizados… (redoble de tambores)… ¡¡dale ahí!!

PELIRROJA DE BOTE, CHOCHO... ¡¡¿QUÉ?!!

A la vuelta de mi primer viaje por Tanzania estaba emocionada, toda aquella belleza me dejó una indeleble huella. Recuerdo que un día mi amiga María Isabel tomando café me dijo:

– Menchu, ¿qué fue lo que más te impresionó de tu viaje por Africa?

– Todo, María Isabel, todo… quizá aquellas grandes extensiones de tierra virgen, su silencio… recuerdo un atardecer en el que estabamos intentando fotografiar leones, con el Kilimanjaro al fondo, en el horizonte se recorta la silueta de esos míticos guerreros… seis masáis…

– ¡Doce!, pero sigue contando, es una historia preciosa.

Y así…

Kilimanjaro from Machame route

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Jazz, mascotas y Scotch wiskhy.

Hace su aparición en  “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá”  Menchu, mi mejor amiga (más o menos), mi alma gemela y tal, autora de Pelirroja de bote… la reina del reduce, recicla y reuliliza… (redoble de tambores)…  ¡¡dale, hermana!!

No se que os contará este pelele en la entradilla que hace a sus colaboradores, lo que sí os puedo decir es que su blog no me gusta, vale que tiene su gracia, no lo voy a negar, pero habla muy mal, dice muchas palabrotas, jura y blasfema… esto le vendrá de cuando vino a España, que como todos los futbolistas extranjeros (da igual, como es su caso, que estén retirados) lo primero que aprenden son los tacos… en fin, un poco de clase y decoro es lo que yo le pido. Ahí voy…

María del Carmen Pajín de los Canónigos, o sea yo (en ocasiones me gusta hablar en tercera persona, creo que da estilo a mis relatos) entró en el Blue Note, insigne local neoyorkino donde los amantes del jazz pueden sufrir una erección permanente sin necesidad de otra cosa que cerrar los ojos y escuchar la música (casi igual que en la Maraca u otro garito reggaetonero, vamos), para escuchar a la gran Patricia Barber, supo que aquel día sería diferente… y les aseguro que lo fue.

Pidió un Bowmore Reserva 18 Años, ¡caramba!, un día es un día se dijo y se dispuso a deleitarse con su “scotch” y la gran Patricia… Lo primero que la sorprendió es que junto al piano de la artista había un mono sentado, y no un mono cualquiera, un “Tamarín emperador”, cosas de artista pensó.

Más extraño le pareció que el mono la mirase fijamente, pusiese sus dedos índice y corazón de la mano derecha en forma de V se señalase los ojos para posteriormente señalarla a ella, Menchu, con el indice extendido… repitió la operación varias veces

Para rematar aquella surrealista situación el mono se levantó muy despacio, se dirigió a su mesa e introdujo sus testículos en el vaso de Bowmore Reserva 18 años de 35 dólares la copa… María del Carmen no daba crédito, no podía quitarse la escena de la cabeza, el resto del auditorio parecía no haberse percatado del suceso

 Una vez terminado la primera parte del recital Patricia Barber comentó a su público que ella y sus acompañantes se tomaban un descanso y que se admitian peticiones para la segunda parte… al dirigirse a la barra y pasar junto a María del Carmen, esta la tomó del brazo y muy seria le preguntó:

– ¿Sabe usted por qué el Mono emperador introdujo sus gónadas en mi Scotch Wiskhy?

– Pues así por el nombre no caigo darling, lo siento mucho… pero quizá si me la tararease…

Y así…

Photo Credit: Noppadon Wongsuwan

Navelate, clementina o sanguina.

Repitiendo en “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá” , uno de mis mejores amigos, con ustedes el autor de Desde Libia con amor… (redoble de tambores)… con el permiso de Don Jesús, Jaime…  ¡¡enorme!!

Hoy he vuelto a tener un sueño. Me encontraba haciendo cola en una gasolinera. Una gasolinera naranja. Llego al surtidor y allí me encuentro a Naranjito, él era el gasolinero o dicho mas fisnamente, él era el empleado de la estación de servicio, que cojones (el gasolinero). Y a todo esto me doy cuenta que los surtidores no son de gasolina, son de zumo de naranja. Le pregunto a Naranjito, sin salir de mi asombro y él me contesta con la gracia que le caracteriza, “¿Va uzzte a echar navelate, clementina o sanguina?”

– Joder y yo qué coño sé. Hasta hace un rato mi pequeño Opel Corsa funcionaba con super.

– Entonces le echamos navelate.

– Venga, ¿a cuanto está el litro?, pregunto yo.

– A 50 centimos el litro.

– Joder qué bien, pues LLENO POR FAVOR (recordando a Alfredo Landa).

No las tenía todas conmigo, era muy extraño, había surtidores de zumo de naranja navelate, de naranja clementina, de zumo de limones para los camiones “pareado” y sin haberlo “preparado”, y encima barato, barato.

Pago, arranco y marcho, el Corsita como una seda, qué felicidad, y parece que huele a azahar, ya era hora, España sale adelante, se van a cagar los de la OPEP. Llego al primer cruce y ……… se estampana contra mi un vehículo que se ha saltado un ceda. Ohhh my God, es Don Jesús (pincha para conocer su historia).

Despierto, no estoy en España, estoy en Trípoli, en una gasolinera, echo gasolina a mi querido Corsita, pago, ¡3 euros llenar el depósito!, joder qué diferencia. Llego hasta una cafetería, Mohamed me pregunta que voy a tomar y como no podía ser de otra manera le digo “Un zumo de naranja”.

Photo Credit: Boegh

Sólo la PUntiTA

Vuelven las colaboraciones de mis amigos “de Grecia, de Pucela, del Infinito y de más allá”  hoy se une a mi blog la autodenominada “prosista polingonera”… mi amiga… (redoble de tambores)… Encarni…  ¡¡dale hermosa!!

Pues aquí estamos, lo prometido es deuda y del dicho al hecho… Sigue leyendo Sólo la PUntiTA