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Antiguas historias de amigos que no por haber sido contadas mil veces dejan de hacerme gracia… la realidad casi siempre supera a la ficción y todo parecido con la coincidencia es mera realidad.

Historias Prestadas. El día del juicio final, cine, marihuana y mundos que son pañuelos.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… ¿y qué me decís de la crisis de vocaciones religiosas? A mí lo que me cuentan porque yo hace tiempo que no consumo, pero debe ser una movida porque dicen que más difícil encontrar un cura que graduar la vista a Leticia Sabater.

Me cuenta mi madre que el otro día en mi pueblo el cura no pudo decir misa por una movida de que habían fumigado la Iglesia (o así) y las viejas del pueblo se pusieron como fieras porque iban a cometer pecado mortal, y tal. A lo que el cura con infinita paciencia y, sin duda, con ganas de soltar las hostias que se le iban a quedar ese día en la recámara, dijo que no se preocupasen que ese día estaban dispensadas.

– ¡Dispensadas! – dijo una vieja locuaz – Dispensadas dice el mamarracho, ¡qué sabrá usted de pecados!, a mí me va a venir a decir usted si una cosa es pecado o no.

¡Ole los cojones de las viejas de mi pueblo! Saben más de pecados y de teología que un cura… yo no creo en esas cosas pero si al final hay juicio final, yo quiero que a mi lado haya una vieja de mi pueblo… a su lado Dios de teología, ni puta idea, vamos que me salvo seguro… al lío.

Alfonsas, ¿tú por qué nunca vas a misa? – me decía mi abuela cuando pasaba el verano con ella en el pueblo.

– Sí que voy abuela, pero me tengo que salir.

– ¿Por qué, corazón?

– Jooooo abuela, es que como aquí es misa de 12, siempre que llego hay más gente… lo sé abuela, no hay que ser tan cuadriculado, pero si el cura dice que es de doce, es de doce y no de trece o de catorce o de los ochentaytantos que habrá allí…

Venga al lío de verdad, hoy os voy a contar una historia prestada, que me han contado unos colegas.

Resulta que un sábado de hace unos cuantos años, mis colegas estaban tomando unas cervezas en el Nuberu y uno de ellos dijo que le habían regalado una marihuana muy buena, enseña una bolsa y dice que se iba a hacer un canuto y se iba a ir dando un paseito hasta el cine, que tenía ganas de ver una película que ponían… y se despidió de ellos hasta el día siguiente, que habían quedado a comer en casa de unos amigos.

Al día siguiente, según aparece nuestro solitario héroe cinefilo-fumeta, llama a un aparte a uno de los colegas y le entrega la bolsa de marihuana que enseñó el día anterior diciéndole: “Toda para ti, pero con juicio…”.

Ya en la mesa, preguntado por la peli del día anterior, nuestro joven amigo cinéfilo contesta que regular, que en mitad de la película se había sentido indispuesto y que había acabado vomitando en la misma sala (¿le habrían sentado mal las patatas bravas?, el tema de las patatas bravas que sientan mal merece un post… o dos).

– ¿Y qué hiciste?

– Joder, qué voy a hacer, pues acabar de potar y cambiarme a una butaca al otro lado del pasillo, ¡que la película estaba de puta madre!

Frente a nuestro héroe anónimo una joven invitada a la que algunos acababan de conocer lo miraba con una extraña expresión, entre la sorpresa y el asco, murmurando algo así como “no me lo puedo creer, ¡qué fuerte!”.

Como os podéis imaginar la historia volvía de vez en cuando a la conversación y la chica cuasi desconocida seguía mirando extrañamente a nuestro joven amigo… hasta que a la hora del postre, la chica toma tímidamente la palabra y dice:

– Sé que no os lo vais a creer, pero esta mañana estaba hablando por teléfono con mi hermana y me ha contado que ayer por la tarde estuvo en el cine y que justo detrás de ella un tío se había puesto a potar, yo la he dicho “¡Qué cerdo! ¿y qué ha hecho?” y mi hermana me ha contestado “Pues le debía de estar gustando mucho la película porque se ha levantado y se ha sentado en una butaca al otro lado del pasillo”.

Y es que, amiguitos, este puto mundo es un pañuelo.

Buen fin de semana amigos, que la fuerza os acompañe.

PD. Hay quien dice que la bolsa me la entregó a mí y que eso podría explicar algunas cosas de este blog, pero si yo estaba no me acuerdo y como dice José Mota: “Yo no estaba pero me acuerdo”… así que se la debió dar a otro.

Photo Credit: Chris Yarzab

Historias prestadas. Persiguiendo un sueño.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… es curioso, pero cada vez que un español entra en un bar, y en los últimos tiempos entra en el twitter o en el facebook, recibe un rayo invisible que le otorga los dones de la omnisciencia, la clarividencia  y la infalibilidad… normalmente acompañado de unas ganas terroríficas de beber cerveza… esto es así, y os lo digo yo, que sólo tengo la doble nacionalidad y me pasa. Sigue leyendo Historias prestadas. Persiguiendo un sueño.