Archivo de la categoría: Otras cosas

Tales from the crest.

Relato presentado al  I Concurso de Relatos Cortos del Club de Montaña Ojanco.

Miedo, tengo miedo,
Miedo de quererte.
Miedo, tengo miedo,
Miedo de perderte.
Sueño noche y día
Que sin ti me quedo.
Tengo, vida mía,
Miedo, mucho miedo.
Tengo miedo. Rocío Jurado
(compuesta por el Maestro Solano).

Alrededor de las montañas sufro un desasosiego terrible. Mi nombre es Juan, Juan Daphel Gris y desde hace un tiempo odio la montaña y casi cualquier espacio abierto (o cerrado), también odio que me confundan con un personaje de Tolkien y me vacilen sobre mis supuestas aventuras en la Tierra Media… Sigue leyendo Tales from the crest.

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Mal de hartura.

Este relato obtuvo el Segundo puesto en el
I Concurso de Relatos Cortos del Club de Montaña Ojanco.

 

Sé lo que tengo que hacer para conseguir
que tú estes loco por mí.
Escuela de calor. Radio Futura.

Alrededor de las montañas gira mucha literatura, historias, mitos, leyendas, anécdotas, estremecedores relatos de entrega, esfuerzo y superación; finales felices y trágicos; fantasmas televisivos y héroes anónimos… yo conozco poco la montaña, pero conozco a uno de esos héroes anónimos que se enfrentó a sus propios límites para hacer y guardar para siempre en su corazón aquel momento… yo conozco a Imanol F. Arias. Sigue leyendo Mal de hartura.

Sexo, chocolate y un Erasmus de la Baja Silesia.

Desde entonces en verano
nunca pido ensaladilla
ni antes de dos horas de digestión
me tiro al mar
he dejado de abusar
del tabaco, del café,
del tinto y del prozac,
pura Felicidad.
Felicidad. La Cabra Mecánica.

A veces no sabemos dónde empieza un problema y dónde empieza la solución, lo que yo sí sé es que el chocolate nunca es un problema y las más de las veces es la solución… no pensó eso durante un tiempo el joven Stanislaos Porlaniev, un joven estudiante polaco que, procedente una pequeña granja de la Baja Silesia, llegó a Valladolid con una beca Erasmus hace unos años, aunque finalmente se dio cuenta de que sí, el chocolate era la solución de sus problemas. Sigue leyendo Sexo, chocolate y un Erasmus de la Baja Silesia.

Cinco regalos con los que darme una alegría de la hostia y el copón.

Probablemente crea en más cosas y casi seguro que no, pero si me preguntas que diga tres cosas en las que crea, así de sopetón… diría que yo sólo creo en la elegancia del tanga, los Reyes Magos y en el Cholo Simeone. Sigue leyendo Cinco regalos con los que darme una alegría de la hostia y el copón.

Romanas, rumanas, mares y bares.

Yo buscaba el libro que ha escrito mi amigo José Javier Padilla “el Moscas” sobre la vida de su mujer Alina Santonjova, una joven inmigrante rumana que llegó a mi pueblo buscándose la vida y lo revolucionó cuando se hizo cargo del bar, dejó de poner cacahuetes de los que tienen una costra de un dedo de sal y patatas fritas revenidas y empezó a poner tapas de verdad, que lo mismo te aliñaba un gazpacho con su ajo y su pepino, que unas papas con arroz, un bonito con tomate o un cochifrito, caldereta, migas con chocolate o cebolleta en vinagreta, morteruelo, lacón con grelos, bacalao al pil-pil o un poquito perejil (que era lo que menos éxito tenía)… José Javier se enamoró perdidamente de Alina, Alina se enamoró perdidamente de José Javier y la madre de José Javier, Josefa la Caraperro, nunca acabó de aceptar la relación ni de aprenderse al nombre de su nuera… para Josefa siempre será “La rumana que vino del bar”.

Quiso la casualidad que entrase en una pequeña librería en busca del libro, quiso la naturaleza que sea miope (mucho) y me vea obligado a usar gafas, quiso el benigno clima vallisoletano que ese día lloviese y, extrañamente para esta ciudad, hiciese un frío de tres pares de cojones, lo que provocó que se me empañasen las gafotas y no viese un pijo, pero yo, impasible el ademán, seguí adelante en mi afán… a causa de mi temporal ceguera adiviné, más que vi, el libro de mi amigo, cuando lo fui a coger una amable señorita se ofreció a firmármelo, que lo firme – pensé yo – si le hace ilusióna mí ya me lo firmará el Moscas en el pueblo, lo pagué, dije adiós y me fui, ignorante de la sorpresa que me esperaba al llegar a casa.

El caso es que a causa de mi momentánea perdida de visión confundí el libro de La rumana que vino del bar con una novela de nombre La romana que vino del mar, obra de la escritora vallisoletana (¿la que amablemente me lo firmó?) llamada Pilar San Juan Manzano, Piluca para sus amigos (me comentan)… y ya que lo tenía por casa me lo he leído… y me ha gustado… mucho… y os lo recomiendo… porque la historia merece la pena…

La novela en cuestión está ambientada en la Roma de Augusto y nos cuenta la vida de Julia, guapa, lista y concebollista (eso no lo dice la autora, pero si sabes leer entre líneas está clarísimo), una inexperta joven que conoce al apuesto Sergio y pasa de no querer saber nada de los hombres a ponérsele los pezones como para colgar a secar togas de la mejor lana del sur de la península itálica recién lavadas y sin centrifugar y decidir que o se casa o se casa. Que os voy a decir una cosa: el tal Sergio es todo en fenómeno que lo mismo si me lo encuentro yo me da por platearme el por qué de este empecinamiento mío en la heterosexualidad… en fin, que el tal Sergio es el yerno perfecto, pero tiene un defecto, quiere ir a buscarse la vida a la recién pacificada Asturia en el norte de Hispania… y hasta ahí voy a contar… Segurísimo que la historia os va a gustar, hay gente buena como una caña con gas y un pincho de tortilla un mediodía de resaca, otros más malos que los cuchillos de IKEA; está Ovidio, el famoso poeta, que habla siempre en verso y cada vez que le dicen cinco, mejillones o conoce a un Montoya lo agradece porque le facilita mucho la conversación y la vida; la gente se quiere como en las canciones de los Camela (La Cabra Mecánica dixit), odia como Paquita la del Barrio y se venga con más saña que Alex Ubago, que le deja una novia y le dedica una canción (o un disco); aparece un tal Nícer, que a este si le conozco abandono todo mi empecinamiento en la ortodoxia heterosexual sí o sí… y aparece Asturias, y la amiga Julia se enamora de Asturias (como es natural) como tu cuñado, pero de verdad, porque para tu cuñado Asturias es cachopo, cabrales y sidra y le da igual comerlo en Sotres o Tazones  que en un bar de La Rondilla, el se cree que por eso ya es medio asturiano; pero Julia se enamora de verdad, se enamora de sus verdes paisajes, de la magia de aquellas tierras, la bravura del mar cantábrico y de los cojonacos de los orgullosos salaenos y su vida en armonía con la madre tierra…

Y si queréis saber más os compráis el libro en Amazon, en El Sueño de Pepa o la Librería Margen si estáis en Valladolid o me mandáis un mensaje y os pongo en contacto con Piluca, porque en realidad es amiga mía y toda esta historia que os he contado es una excusa para escribir una reseña de su libro tal como le prometí cuando me dedicó el libro… y a mí la cabeza sólo me da para cosas como esta, que ya me gustaría que me diese para escribir cosas tan cojonudas como la historia de Julia, la que vino del mar.

La romana que vino del mar en Facebook aquí.

Que la fuerza os acompañe.

Photo Credit: Yo mismo.