Historias prestadas. Persiguiendo un sueño.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… es curioso, pero cada vez que un español entra en un bar, y en los últimos tiempos entra en el twitter o en el facebook, recibe un rayo invisible que le otorga los dones de la omnisciencia, la clarividencia  y la infalibilidad… normalmente acompañado de unas ganas terroríficas de beber cerveza… esto es así, y os lo digo yo, que sólo tengo la doble nacionalidad y me pasa.

¿Por qué os cuento esto?, ni puta idea. Ahora os voy a contar otra cosa, que tampoco sabría deciros por qué os la cuento, pero hay que rellenar el blog. La otra noche tuvimos un encuentro en la cumbre Otroyó, Arturo Pérez Reverte y yo… después de hablar de muchas cosas me dijo que leía mi blog, yo ilusionado le pregunté que qué opinaba y me dijo que le parecía una soberana gilipollez, pero que si me valía para ahorrar dinero en psicólogos que siguiera y tal y cual, luego me hizo una pregunta extraña.

– ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

– Los clásicos, basicamente – contesté, extrañado por los derroteros que tomaba la charla.

– Joder, da gusto hablar con emigrantes así, los clásicos… Homero, Esquilo, Cervantes, Shakespeare, Quevedo, Dostoievski… ¡qué puta maravilla!

– No joder, “solysombra”, “dizcola”, “lariostonica” y algún “lumumba”.

– ¡Cagonrossssss, eres más gilipollas de lo que pensaba!, no seré yo quien te quite tu derecho a ser gilipollas, ¿nunca has pensado en cambiar de fuentes de inspiración?, ¿algo de más enjundia?

– Hombre, últimamente me gustan las ginebras premium, con su buenos botánicos, su copa de cristal fetén…

– ¿La burbuja?

– Bien tratada, evidentemente.

– Menos mal, al final no toda va a estar perdido, claval.

Y Arturo me hizo unas recomendaciones para mejorar mi blog, por ejemplo, me dijo que escuchase a los demás, que no me dedicase sólo a hablar de mí, que contase historias en las que yo fuese un mero espectador, transmisor de esa tradición oral tan arraigada en la cultura popular de un país y en la idiosincrasia patria y bla, bla, bla… al final se lio a hablar, Otroyó se fue, yo me desperté… al lío.

Siguiendo las enseñanzas del maestro Reverte, he decidido intercalar entre las historias que me pasan, esas otras historias que han llegado hasta mí por vía oral, vamos que os voy a contar historias que cuentan mis amigos desde tiempos inmemoriales, y que a mí me molan, es lo que voy a llamar “Historias prestadas”.

Me cuentan mis amigos que hace unos años, en época de estudiantes universitarios, cogieron por costumbre en los meses previos a los exámenes finales ir a estudiar a la Sala de Estudio de La Casa del Estudiante de Valladolid, y alguno me añade que no sabían porque se llamaba así porque nunca vieron por allí a José Sancho, ni a María Jiménez, ni a Curro Jiménez, el Algarrobo o el Fraile… no sé donde está la gracia pero así me lo cuentan…

Cuentan que había un joven que además de estudiar una carrera tenía una vocación, ¡quería ser socorrista!, para cumplir su sueño, robaba horas al estudio de su carrera a preparar la prueba práctica del cursillo de socorrista y se llevaba entre sus libros el manual de socorrismo, que siempre dejaba abierto por la misma página… la del órgano reproductor femenino… cuentan que aquella imagen de un coño del tamaño de un DIN-A3, cuentan que hay mapas topográficos 1:1.000 con menos detalles, un coño en el que se podrían haber perdido dos legiones romanas, un coño que podría haber albergado la final de un Mundial de Fútbol, un coño… enorme, con todos sus detalles, un coño gracias al cual, nuestro querido amigo socorrista seguramente nunca hubiese podido hacer un boca a boca o un masaje cardíaco… pero podría haber hecho un ligado de trompas, un legrado y una depilación brasileña, todo a la vez y con los ojos cerrados.

Cuentan mis amigos que tanta aplicación en preparar su sueño hizo que descuidase sus estudios y suspendía hasta “horario”, cosa de la que se quejaba amargamente, hasta que un día un buen samaritano le dijo razonablemente:

– Quizá te hayas confundido de carrera y hayas elegido algo que no te gusta.

– Que va, que va… si a mí la carrera me gusta mucho, lo que no me gusta es estudiar…

– Joder tío, eso es como si me dices que te gusta el piragüismo y no te gusta remar.

Nuestro joven amigo, entrecerró los ojos, asintió levemente con la cabeza, el tiempo pareció detenerse mientras sopesaba la respuesta, una , contestó:

– No tío, si a mí el piragüismo sí que me gusta…

Y esto fue así porque “yo no estaba, pero me acuerdo”.

Buen fin de semana amigos, que la fuerza os acompañe… aaaaah, y que Arturo Pérez Reverte, el joven aspirante a socorrista y vosotros me perdonéis.

Photo Credit: Jordon Cooper

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