Perdiendo el norte por no perder el contacto.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… es tan jodida que no nos podemos parar a pensar en las cosas importantes de la vida… por ejemplo, ¿por qué no cogéis esos petardos gordos que tanto os gustan, los introducís cuidadosamente por vuestros rectos con la mecha hacia afuera de manera que acerquéis un mechero y según se os chamusque el vello perianal prenda la mecha y ya veréis que risas?


La Navidad es lo que tiene, que a unos les gusta más y a otros menos, a los de El Corte Inglés les gusta tanto que crucificarían al Niño al día siguiente de Reyes, aprovechando que la gente con las rebajas y los cambios no iba a hacer puto caso a una crucifixión infantil, que resucitase al tercer día y vuelta a la Navidad, y así en un bucle infinito de papanoeles, reyesmagos y consumo sin freno… al lío.

Lo que mola mucho de la Navidad es que te tienes que reunir para tomar una copa o cenar hasta con la gente con la que coincidiste en la cola del Carrefour de Torrevieja en agosto, que es verdad que fue larga y que una tía hizo un grupo de Whatsapp… coño, pero juntarse a fin de año para no perder el contacto parece, cuando menos, excesivo.

Yo aprendí a decir que no, antes iba a todo lo acabado en “de Navidad” que había, cena de empresa, cena de antiguos compañeros de universidad, del instituto, de unos a los que nos castigaron sin patio en 3º de EGB por reírnos o de los que comimos el morro a una turco-chipriota que vino de intercambio 15 días en verano del 87, un brindis con los que nos salió el IRPF a devolver en 2003 en el portal, desayuno con los que no han tenido una BH California en la puta vida (somos 5 en toda España), el aperitivo con los que teníamos un Amstrad CPC 464 con pantalla de fósforo verde, comida de los que sabíamos que esto iba a acabar pasando, de los que nos echamos una rebequita por los hombros por si refresca, de los de si te tragas el chicle se te pegan las tripas y a uno se le metió una pipa en la nariz y al cabo del tiempo le llegaban las raíces al cerebro… y alguna que me olvido.

Al final mi madre me apuntó a un curso “Empoderando el NO. Vete tú tirando que luego ya si eso…”. La verdad, mi NO mejoró mucho, pero no os lo vais a creer, el final de curso coincidía con las Navidades y me toco ir a la cena de “para no perder el contacto y conocernos un poco mejor”… allá vamos, a mi lado se sienta un elemento que sólo decía, “chuletón”, yo le pasaba la croquetas y él decía “chuletón”, “¡venga esa morcilla rica!, “chuletón”, “¡esa gambita roja!, “chuletón”, yo le iba a echar vino y decía “chuletón”, ¿”un poquito de ensalada?”, “chuletón”, “¡ese jamón de bellota”, “eeeeeeeeeeh, ¡chuletón!” “venga, ¡un hidalgo!” “chuletón”… “mecagüentusmuertos, ¿no sabes decir otra cosa?”

– Sí, perdona, es que yo paso de todo esto que estáis comiendo, yo soy “carniano”.

– ¿Ein?

– Sí, los carnianos somos un movimiento contrario a los vegetarianos, según ellos no hay que comer animales muertos, pero los muy hipócritas comen vegetales muertos, ¿o tú has visto algún vegetariano comerse las manzanas directamente del árbol sin arrancarlas? Yo sólo como carne procedente de animales muertos.

– ¿Huevos?, ¿lácteos?…

– No, eso son subproductos, mariconadas… y antes de que preguntes, soy alérgico al pescado y al marisco.

– ¡Coño, pues haber comido croquetas!

– Llevan leche, harina… estarían fritas en aceite vegetal y eran de boletus.

– La morcilla

– De arroz.

– ¿Y el vino?

– Era Ribera, solo bebo el de Toro – a mí no me preguntéis.

– El jamón.

– Era de bellota (¿?) – a tomar por culo, ¡vaya un personaje!, pensaba yo, a ver si le traen el chuletón… y allí llegó, un chuletón de más de 1 kilo, con kilo y cuarto de patatas y cuarenta pimientos asados,… impresionante. El tío mira con cara de odio al camarero y le dice:

– He pedido chuletón, ¡qué cojones hacen aquí estos pimientos!… no tenéis ni puta idea de carnianismo, inútiles – se estaba poniendo tenso el amigo.

– Para, para, para… apartas los pimientos y las patatas y arreglado ¿no? – dije.

– No, sólo los pimientos, patatas sí como.

– Pero si son vegetales…

– Ya, pero es que no soy carniano estricto yo soy tuber-bulbo-carniano…

– ¿Y qué tipo de bulbos comes?

– Pues, por ejemplo, cebolla.

– ¡Pues cómeme toa la polla!

Buen fin de semana amigos, que la fuerza os acompañe.

PD. Extraño final ¿no?, pero este dislate tenía que acabar de alguna forma y ¿qué mejor que con un maridaje entre la gastronomía y la alta poesía?

Photo Credit: lubats

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