Augusto, el hombre que susurraba a sus testículos.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… que ya no sé si irme a mi país o quedarme en este, cuentan que allí si vas al cajero te dan 60 pavos (50, si se han acabado los billetes de 20) y aquí cada vez que voy al cajero me sale un papel que pone “Operación Denegada” (una risa enlatada y un vete a tomar por culo por lo bajinis, si se ha acabado el papel).

A veces me planteo seriamente irme para allá, pero se me pasa rápidamente, ¡joder, que el dinero no da la felicidad!… al lío.

No, amigos, aunque el dinero ayude, no garantiza la felicidad, ocurriendo en ocasiones que te hace más desgraciado y si no que se lo pregunten a mi amigo Augusto. A Augusto le tocó hace un par de años la Primitiva, después de tapar unos agujerillos (sí, se fue de putas, porque mi amigo Augusto fue siempre un poco vicioso y un mucho putero) aún le quedaba en el banco una cantidad de 7 cifras, pero no sabía qué hacer con ella… yo, aun poco amigo de dar consejos, le comenté que lo que tenía que hacer era hacer lo posible para cumplir sus sueños…

Al cabo de unos meses Augusto se presenta en casa y me dice:

– No, Alfonsas, no me veo toda la vida cumpliendo mis sueños, me he matriculado en la Universidad y llego siempre tarde a los exámenes, que era un sueño recurrente cuando estudiaba. Igualmente me presento en zapatillas de paño, de las de andar por casa que usan los porteros de finca urbana, en el autobús y en eventos de todo tipo para sentir un profundo temor a que alguien me descubra, otro de esos sueños recurrentes. Incluso he montado un andamio junto a mi cama y duermo en él para, al darme la vuelta, sentir que caigo al vacío y despertar sobresaltado en mi propia cama… pero no, no me llena.

– Joder, Augusto, no entiendes nada… cumplir tus sueños es una forma de hablar, se trata de hacer algo que siempre hayas querido hacer, una ilusión que tengas desde chaval… no sé…

– ¡¡Ya lo tengo!!

Y Augusto se marchó a los U.S.A. a hacer realidad su sueño, allí acudió al famoso Dr. James R. Dobladillo Jr., cirujano plastico de Ohio, o quizá de Iowa, qué más da; especialista de lo suyo. Allí, tras quitarse dos costillas y hacer un par de retoques en sus vértebras, alcanzó el secreto anhelo que le acompañaba desde su más tierna infancia… ¡¡Augusto llegaba a chupársela él mismo!!

No satisfecho con aquello contrató a varios contorsionistas de El Circo del Sol para autofelarse con más soltura, espectacular destreza y mínimo esfuerzo. No escatimaba en gastos… Un día me lo encontré por la calle, su antigua cabeza rapada, fruto de una incipiente alopecia iniciada en la tardoadolescencia, lucía ahora una espectacular melena azabache recogida en una exuberante cola de caballo.

– ¿Qué fue de tu calva, cabronazo?

– Ya ves tío, cuando me la chupaba echaba de menos acariciar una buena mata de pelo y me he hecho microinjertos capilares, vamos un microtrasplante folicular de toa la vida.

– Pues te queda de puta madre – mentí.

– Bueno, es un poco incómodo porque sólo tenía pelos en los huevos y me paso muchas horas con el alisador, pero merece la pena.

Su siguiente objetivo, me confesó, era extraerse los dientes y hacerse dentaduras postizas, réplicas exactas de su musas onanistas de la adolescencia… ¡ya había encargado la de María Teresa Campos! Pero lo más acojonante de todo es que había contratado los servicios del mítico José Luis Moreno para hacerse ventrílocuo y de esa forma poderse decir “chupa, chupa”, “ooooh Dios mío”, y ese tipo de cosas peliporneras tan del gusto de Augusto… Y es que el dinero lo puede todo, o no…

Pasado este episodio le perdí la pista durante un tiempo, hasta que un día me lo encontré vagando por el barrio, estaba desmejorado, la mirada ausente, se lo veía profundamente triste, cansado…

– ¡Augusto, cabronazo! ¿Qué pasa, tío?

– ¿Qué no pasa, Alfonsas? Estoy jodido, muy jodido, vengo del psicólogo, estoy pasando una mala racha… depresión, ansiedad, el psicólogo dice que tengo que recuperar la confianza en mí mismo… pero eso es difícil, muy difícil, imposible…

– Hombre, tú lo has dicho, será una mala racha y ahora lo ves todo negro, pero seguro que con ayuda profesional  y algo que pongas de tu parte…

– ¿Pero cómo voy a recuperar la confianza en mi mismo? ¡Soy un cabrón! ¡Un ser indigno de cualquier confianza! Por más que me digo chupa, chupa que yo te aviso… al final no me aviso… y así un día y otro y otro y…

Buen fin de semana, amigos. Que la fuerza os acompañe.

Photo credit: photography.andreas

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