Mil dolores pequeños y una única cura.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… en mi caso, lo jodido de verdad está siendo el mes de febrero, puto mes, me he calzado una hostia con el coche, me han operado, me ha salido un flemón… y más.

 Estoy sin coche, me prestan uno… ¡qué mes!…

– Alfonsas, no es gran cosa, tiene algún problemilla pero “pue’ valer”.

– ¡Coño, un Audi Q5!, no es gran cosa dices, ¿y cual es el problema?

– Buaaaah, un problemón, lleva el paquete exclusivo “Ohmaimader Integral Control System”, que configura el coche en modo madre y no hay manera de desactivarlo, tío.

– ¿Modo madre?

– Mejor lo ves – según meto la llave en el contacto el volante se viene hacia mí, el asiento se va hacia delante de manera que el volante me queda pegado al pecho y la nariz a seis centímetros del parabrisas, la radio se sintoniza en la Cope y la voz de mi madre me dice “¿llevas el cinturón abrochado, hijito?, consigo ajustar todo bien, la radio no… cambio al CD, El Consorcio, apago la música.

– Tampoco es para tanto – digo.

– No, si lo jodido es el navegador, y ese no se apaga – ¿para qué me diría nada? me picó la curiosidad. Metí la primera dirección de la memoria: al Carrefour. Salimos del taller y… al lío.

– En doscientos metros gira a la izquierda, ¿llevas dinero, hijo?

– No pero llevo tarjeta, mamá – digo sin pensar.

– En la siguiente rotonda toma la segunda salida, a ver si te afeitas, hijo.

– Paso mamá… ¿por qué cojones llamo mamá al coche?

– Posible radar fijo a 1000 metros, así pareces un perroflauta y no digas palabrotas, hijo.

– Cagoooooooooondios ¿pero esto qué es?

– Posible radar fijo a 500 metros, no utilices el nombre de Dios en vano, te voy a lavar la boca con jabón, hijo. – ¡Qué agobio amigos, era como una especie de película de terror psicológico, sudando estaba, pongo el aire acondicionado.

– Mantente en el carril derecho, a cien metros gira a la derecha. Parece que refresca, ¿has traído un jersey, hijito?

– Ay Dios – no hablaba, pensaba, la que hablaba era mi madre, ¡joder, mi madre no, el coche! No giré a la derecha, rebelde que es uno.

– Recalculando, baja el aire que te vas a constipar, hijo.

– Déjame en paz, ahora mismo tiro para el taller que voy a devolver el coche.

– Recalculando, en quinientos metros toma desvío por calle Goya, y no hagas rimas que soy tu madre, hijo.

– Ja, ja, ja, qué cosas tienes mamá… – me despisté, no vi que había un coche parado y me lo comí enterito…

– Recalculando, menudo impacto hijo, te lo has comido entero, ¿te has quedado con hambre?, ¿quieres que te fría un huevo, hijo?

Al final no fue mucho pero devolví el coche, prefiero ir en bus… y con el mes que llevo, sólo salgo de casa para ir al hospital, al ambulatorio o  la farmacia. Ayer tocaba hospital, según llego me siento frente a la puerta correspondiente, tenía cita con el cirujano a las 9:50, espero, pasan 30 minutos, van llamando peña, pasa 1 hora, yo callado, todo viejas locuaces esperando contarte sus mil dolores pequeños y sus medicaciones respectivas, todos los males que tengas tú, ellas los han tenido peores, han probado más drogas que los Poli Díaz, los Rolling y Joselito el Pequeño Ruiseñor juntos (en esta vida y en varias reencarnaciones) y les han hecho pruebas médicas que aún no están inventadas… más de una vez, y te lo quieren contar, tú mejor calladito… dos horas, las viejas se suceden con rítmica cadencia, tres horas, el reloj continúa su inexorable avance, cuatro horas, las viejas entran y salen, cinco horas, yo callado, seis horas, estaba medio desmayado, siete horas, sale una enfermera, me acerco y digo con voz trémula:

– Perdona, es que tenía cita para el cirujano a las 9:50, son casi las seis de la tarde, entiendo que deis preferencia a estas putas viejas con su mil dolores pequeños, que se los quitéis uno a uno, varias veces si es necesario, y que eso lleva tiempo, pero ya empieza a ser una pasada.

– Déjame ver la cita – me contesta muy amable- Pero hombre, es que no es aquí, te has equivocado, tú no tienes cita para el cirujano, tienes cita para una cura… es en el pasillo anterior.

– Imposible – le digo entre sorprendido e indignado – la que tienes que estar equivocada eres tú, y te voy a decir un par de cosas: primero, y ante todo, celebro este importante paso para la mujer y la institución; segundo, soy ateo (o así); y tercero, lo que necesito es me quiten unos puntos, a ton de qué me organizan una cita con una mujer sacerdote.

Buen fin de semana amigos, que la fuerza os acompañe.

Photo Credit: Anna
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