La vida es eso que pasa mientras piensas: ¿caña, tercio o botellín?

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… es tan jodida que no nos da tiempo a preguntarnos sobre las cosas importantes de la vida… Últimamente he entrado en una etapa en la que me pregunto sobre temas religiosos, tengo dudas…   ¿quién reservó la mesa de la Última Cena?

En serio, ¿quién reservó?, ¿miró antes las críticas en TripAdvisor?, ¿ocurriría así?:

– Buenos días, quería hacer una reserva para esta tarde-noche.

– ¿Cuantos serían?

– Pues somos 13, pero necesitamos una mesa de 26 porque nos vamos a sentar todos en un lado, es por los pintores, orfebres, escultores y demás, para que puedan inmortalizar el momento… como todavía no se ha inventado el selfie.

– ¿A la puesta de sol estaría bien?

– Perfecto…

Cuando se reúne con el resto de apóstoles.

– ¿Has reservado?

– Ya está. Es un garito en la antigua carretera de Jerusalén a Jericó, se debe cenar de puta madre porque los domingos por la tarde el aparcamiento siempre está lleno de cuadrigas romanas

– Cagüenlaputa, eres el apóstol más tonto del Nuevo Testamento, has reservado en un puticlub. Si a mediodía hay carros, mulas y bueyes, restaurante; si el domingo por la tarde hay cuadrigas, puticlub. Ya verás como al final ni última cena ni pollas, acabamos tomando unos botellines…

Al lío.

Hace unos días me estaba tomando unas caña-tercio-botellín con unos colegas:

– Ponme una cerveza.

– ¿Caña, tercio o botellín? – madre mía, qué pregunta… es como preguntar a quién quieres más: a papá o a mamá – Yo qué sé… uno de cada y a tomar por culo.

En estas va y me dice el Logi

– ¿Tú te acuerdas, Alfonsas, de aquello de a dónde van los botellines que quedamos y no tomamos? Esos que te encuentras con un colega y joder tío, me alegro de verte, a ver si quedamos y nos tomamos unos botellines… y luego ni te alegras, ni quedas, ni te tomas los botellines…

– Ya sabes tío, van con los besos que dice Víctor Manuel que guardamos y no damos… lo digo siempre.

– ¿A dónde irán las pajas que intentamos y no acabamos? – pregunta el Logi.

– ¿De qué hablas, papá? – le dice el Aitor.

– Joder Aitor, hijo mío, Víctor Manuel preguntaba que donde van los besos que guardamos y no damos, Alfonsas que donde irán los botellines que quedamos y no tomamos… yo me podré preguntar dónde habrán ido esas manolas que intentabas hacerte cuando llegabas mamao como un perro a casa y amanecías a las 3 de la tarde encima de la cama, con los vaqueros y gayumbos por los tobillos, el indice y el pulgar de la mano derecha sujetándote la chorra, en plan pinzas, y papel higiénico, impoluto, en la mano izquierda.

– Puuuuuuf, vete a saber… – dice Aitor  – fíjate esa gente que va con el coche y no respeta un paso de peatones, que mira fijamente al frente como haciendo que no te ve… ¿a dónde irán las patadas voladoras, que guardamos y no damos, con las romperías la puta boca a esos conductores cuando están a punto de atropellarte? y todos esos dientes partidos que les harías tragarse para que al expulsarlos les produjesen tales desgarros que sufriesen una lenta y dolorosa agonía, y no partes. ¿A dónde irán? Eh, ¿a dónde?

– Al mismo sitio que irán las hostias a mano abierta que le daríamos al vecino cuyo perro mañana tras mañana te mea las ruedas del coche y luego caga a la entrada del portal y el bastardo no lo recoge, que guardamos y no damos – dice Villegas.

Ahí estábamos, entre caña, tercio, botellín, con nuestras cosas… y entra el padre de Ángel Luis.

– Hooooombre, ¿qué tal? ¿Aquí vagueando y perdiendo el tiempo como siempre? Ya podíais pasar más tiempo con la familia, arreglando cosas en casa, viendo Megaconstrucciones, Supersubastas, Megacomprasporinterné, Hiperalquileres o cualquier buen programa cultural, lavando el coche…  Así va España con gente como vosotros…

– Qué va a ser… ¿caña, tercio o botellín? – pregunta el camarero.

– ¿Tienes la nueva cerveza esa, la San Miguel 0,0 esa de sabores?

– ¿Melocotuva o Piñacuya o Naramango?

– Yo qué sé… uno de cada y a tomar por culo.

En ese momento se hizo el silencio, la fiesta había acabado, una profunda tristeza se apoderó del garito, la voz de Alex Ubago y su me muero por conocerte en versión reggaeton sustituyó los acordes del Sultans of Swing… lentamente pagamos nuestras rondas, nos despedimos y nos fuimos para casa… mientras oíamos al padre de Ángel Luis, decir :Esto es música, ¿qué pasa, que aquí no ponéis tapa?en mi pueblo te ponen unas tapas con el botellín qu luego no te hace falta ni ir a comer…

De camino a casa Villegas me agarró del brazo y con gesto compungido me dijo, ¿este es el puto mundo que queremos dejar a nuestros hijos? Se dio la vuelta y se fue… yo me quede viendo a mi amigo alejarse cabizbajo murmurando su letanía: piñacuya… naramango… melocotuva… poco está pasando… piñacuya… naramango…… cerveza sin alcohol… melocotuva… qué hemos hecho mal… piñacuya… reggaeton…

Y yo en ese momento pensé… ¿a dónde van las hostias que se merece el padre de Ángel Luis que guardamos y  no le damos? Eh, ¿a dónde?

Buen fin de semana, amigos. Que la fuerza os acompañe.

Photo credit: Teymur Madjderey

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