Mal rato animal. Una historia de insomnio, problemas en el curro e infancias perdidas.

… y la gente pensará,
porque pa’ eso está la gente, pa’ pensar.
Hotel Lichis – La Cabra Mecánica.

Hola amigos, ¡vaya ful de blog!… eso es lo que me ha hecho saber Cris que piensa de este mi humilde blog en un comentario en el mismo, ¡vaya disgusto!, yo que ya tenía reservado hotel para recoger el Nobel de Literatura, tengo medio escrito el discurso para cuando me den el Pulitzer y me acabo de apuntar al curso a distancia de catalán para cuando sea finalista del Nadal… mis ilusiones truncadas… por lo menos tengo la barretina, la estelada y el caganer que me regalaba CCC… al lío.

Se me vino el mundo encima… ¡qué disgusto!… vaya ful de blog, vaya ful de blog… la cabeza me daba vueltas… Waiaful de Vlog, bloguero de moda holandés, hijo de la jugadora profesional de poker texas holden ucraniana Lyudmyla Ludopatenka y del mítico deportista holandés, Pieter de Vlog, el nardo de Rotterdan, cuatro veces campeón del mundo oficioso de pesca de salmón a falo libre, especialidad consistente en pescar desnudo y utilizando como cebo la punta del miembro convenientemente untada con chile picante Trinidad Scorpion Butch T  (el chile no atrae especialmente a los salmones, pero los ardores que provoca permiten aguantar con la chorra bajo las heladas aguas de los ríos salmoneros durante un prolongado espacio de tiempo antes de sufrir una hipotermia fálica)… esto es una ful, pero no me digáis que no son personajes entrañables que merecen cobrar unos efímeros momentos de vida y no morir en los tristes recovecos de mi cabezota.

Igual que Edgar A. Karapoien, camarero finés afincado en Valladolid, uno de los 5 únicos casos del Síndrome de la Rima Compulsiva en el mundo; o Rafael A. Palomino Pindado, Falín, almonteño de colosal miembro, modelo de polla para anuncios publicitarios, actualmente en paro; o del bilbaíno Josu Jon A. de Borbón, inspector jefe de la unidad de delitos ofimáticos y para-anormales del CNP… Precisamente hoy os quería contar una inquietante historia protagonizada por el inspector de Borbón.

A Josu Jon A. de Borbón, siempre le preguntan tres cosas

– ¿De dónde procede el de Borbón?

– Si te contestase a esa pregunta, tendría que matarte después, responde con media sonrisa tras un largo silencio.

– ¿Qué significa la A.?

– Alfonsas, cosas de la amachu, que en su juventud estaba enamorada de un cantante melódico griego de los 60.

– ¿Qué es exactamente la Unidad de Delitos Ofimáticos y Para-anormales?

– Sería más fácil explicarte lo del apellido, cantarte una canción del griego de los cojones y matarte después, que responderte a esto.

Esta historia de desarrolla en una de las innumerables fabricas de escaleras para pintar rodapies que proliferan en nuestra ciudad, en las tertulias radiofónicas ya se habla de la Burbuja de las Escaleras de Pintar Rodapies, en los últimos seis meses el propietario había denunciado que los perros que vigilan las instalaciones habían aparecido en hasta cuatro ocasiones totalmente pelados, ni un solo pelo sobre sus cuerpos; nadie había oído nada, nadie decía nada, se barajaban las más extrañas hipótesis, desde una secta de calvos satánicos hasta una oscura organización de mozas de Villalpando que mediante extraños ritos querrían recuperar su vello púbico sin renunciar a subirse a las farolas ni a bajarse al restregón.

Josu Jon A. de Borbón quiso descartar la culpabilidad del entorno más cercano y reunió a los trabajadores. Después de pasarles revista concienzudamente, revisar en profundidad sus documentaciones, asomarse varias veces a la ventana que daba al patio de la fábrica, observar como esos perros lampiños ladraban como posesos, hizo un gesto de asentimiento, murmuró un andalahostiacagüenrosssss y se acercó a uno de ellos, un hombre menudo, de rasgos orientales y aspecto cansado.

– Sé que ha sido usted, no se preocupe, todo se debe a un desafortunado error, no vuelva a hacerlo que ya hablo yo con su jefe, no tema que de esta no pierde el curro. Pueden retirarse.

Cuando todos salieron y Josu Jon A. de Borbón se volvía hacia el empresario:

– ¿Cómo sabe usted que era el puto chino, inspector?

– Evidente, amigo… En primer lugar es chino, además he comprobado en la documentación que vive frente al patio trasero de su fábrica, ese hombre tenía unas ojeras del copón bendito y las manos, brazos y cara llenos de tiritas.

– No veo donde quiere ir a parar.

¡Cagüenroooooooooooooooos! ¿Cuántas veces ha venido a decirle que sus malditos perros no dejaban de ladrar por las noches impidiéndole descansar y realizar su trabajo con la diligencia debida provocando perdidas de concentración y pequeños accidentes?

– Ni una sola vez y cualquier día lo echo por torpe, hace tan solo unos meses era un trabajador ejemplar…

– No claro, él le decía que sus despistes eran debidos a la falta de descanso porque los “pelos del culo no le dejaban dolmil”.

– ¿Qué cojones tiene eso que ver conmigo? Ya le dije que a mí qué me contaba, que ese era su problema y lo que tenía que hacer era depilarlos y dejarme en paz.

– ¿Usted no ha tenido infancia?… igual no se sabe ni el chiste de Mistetas… qué pena.

Buen fin de semana, amigos. Que la fuerza os acompañe.

Photo credit: FHKE

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