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El Día de la Mar Mota.

el día de la Mar Mota

En mi pueblo, Pineda del Talle, hay una tradición que conoce muy poca gente… de hecho sólo la conocemos tres personas… cada 2 de febrero mi vecina Mar Mota Collantes se levanta de la cama muy temprano, y no precisamente para ayudar a su pobre mamá, se despoja de la camiseta de su esquijama y abre de par en par la ventana de su cuarto, que está orientada al norte, y si se la ponen los pezones como para colgar toallas de playa empapadas, que en pleno Valle del Gayola es siempre, se vuelve a la cama, da dos codazos a David Murray de Jesús, su esposo, y le dice:

– David Murray, no sé si este invierno va a durar otras seis semanas o va a terminar en breve, pero hoy me vas a poner el coño como un frigorífico combi no frost… lleno de carne, huevos y leche.

– Tengo la extraña sensación de que esto ya lo he vivido… pero ya lo pensaré en otro momento, que no seré quien rompa este momento tan mágico… al lío.

Y así está el tema. Que la Fuerza os acompañe siempre y en todo lugar.

Photo Credit: Kennymatic

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El chatarrero oiga. 2.0 oiga

El chatarrero oiga, ha llegado el chatarrero… recogemos todo tipo de enseres, los muebles viejos, el cobre, el cadmio, el níquel y el zinc, los frigoríficos, las lavadoras, los coches, las motos, las bicis y los patines. El hierro, el potasio, el magnesio, el manganeso y el wolframio…

El chatarrero, ha llegado a su localidad el chatarrero, las baterías, las guitarras y los bajos, los timbales e instrumentos de percusión en general, el aire (oxigeno, nitrógeno y argón
sin forma definida ni color), los somieres, los colchones viejos y los nuevos, las estanterías Billy, los armarios Godmorgon para los lavabos de dos cuerpos Bråviken, los grifos Krågskår y los estantes de pared Mostorp…

El chatarrero, ha llegado a su localidad el chatarrero, el chatarrero, el chatarrero, el chatarrero…

Y ya…

Photo Credit: Bill Ward.

Romanas, rumanas, mares y bares.

Yo buscaba el libro que ha escrito mi amigo José Javier Padilla “el Moscas” sobre la vida de su mujer Alina Santonjova, una joven inmigrante rumana que llegó a mi pueblo buscándose la vida y lo revolucionó cuando se hizo cargo del bar, dejó de poner cacahuetes de los que tienen una costra de un dedo de sal y patatas fritas revenidas y empezó a poner tapas de verdad, que lo mismo te aliñaba un gazpacho con su ajo y su pepino, que unas papas con arroz, un bonito con tomate o un cochifrito, caldereta, migas con chocolate o cebolleta en vinagreta, morteruelo, lacón con grelos, bacalao al pil-pil o un poquito perejil (que era lo que menos éxito tenía)… José Javier se enamoró perdidamente de Alina, Alina se enamoró perdidamente de José Javier y la madre de José Javier, Josefa la Caraperro, nunca acabó de aceptar la relación ni de aprenderse al nombre de su nuera… para Josefa siempre será “La rumana que vino del bar”.

Quiso la casualidad que entrase en una pequeña librería en busca del libro, quiso la naturaleza que sea miope (mucho) y me vea obligado a usar gafas, quiso el benigno clima vallisoletano que ese día lloviese y, extrañamente para esta ciudad, hiciese un frío de tres pares de cojones, lo que provocó que se me empañasen las gafotas y no viese un pijo, pero yo, impasible el ademán, seguí adelante en mi afán… a causa de mi temporal ceguera adiviné, más que vi, el libro de mi amigo, cuando lo fui a coger una amable señorita se ofreció a firmármelo, que lo firme – pensé yo – si le hace ilusióna mí ya me lo firmará el Moscas en el pueblo, lo pagué, dije adiós y me fui, ignorante de la sorpresa que me esperaba al llegar a casa.

El caso es que a causa de mi momentánea perdida de visión confundí el libro de La rumana que vino del bar con una novela de nombre La romana que vino del mar, obra de la escritora vallisoletana (¿la que amablemente me lo firmó?) llamada Pilar San Juan Manzano, Piluca para sus amigos (me comentan)… y ya que lo tenía por casa me lo he leído… y me ha gustado… mucho… y os lo recomiendo… porque la historia merece la pena…

La novela en cuestión está ambientada en la Roma de Augusto y nos cuenta la vida de Julia, guapa, lista y concebollista (eso no lo dice la autora, pero si sabes leer entre líneas está clarísimo), una inexperta joven que conoce al apuesto Sergio y pasa de no querer saber nada de los hombres a ponérsele los pezones como para colgar a secar togas de la mejor lana del sur de la península itálica recién lavadas y sin centrifugar y decidir que o se casa o se casa. Que os voy a decir una cosa: el tal Sergio es todo en fenómeno que lo mismo si me lo encuentro yo me da por platearme el por qué de este empecinamiento mío en la heterosexualidad… en fin, que el tal Sergio es el yerno perfecto, pero tiene un defecto, quiere ir a buscarse la vida a la recién pacificada Asturia en el norte de Hispania… y hasta ahí voy a contar… Segurísimo que la historia os va a gustar, hay gente buena como una caña con gas y un pincho de tortilla un mediodía de resaca, otros más malos que los cuchillos de IKEA; está Ovidio, el famoso poeta, que habla siempre en verso y cada vez que le dicen cinco, mejillones o conoce a un Montoya lo agradece porque le facilita mucho la conversación y la vida; la gente se quiere como en las canciones de los Camela (La Cabra Mecánica dixit), odia como Paquita la del Barrio y se venga con más saña que Alex Ubago, que le deja una novia y le dedica una canción (o un disco); aparece un tal Nícer, que a este si le conozco abandono todo mi empecinamiento en la ortodoxia heterosexual sí o sí… y aparece Asturias, y la amiga Julia se enamora de Asturias (como es natural) como tu cuñado, pero de verdad, porque para tu cuñado Asturias es cachopo, cabrales y sidra y le da igual comerlo en Sotres o Tazones  que en un bar de La Rondilla, el se cree que por eso ya es medio asturiano; pero Julia se enamora de verdad, se enamora de sus verdes paisajes, de la magia de aquellas tierras, la bravura del mar cantábrico y de los cojonacos de los orgullosos salaenos y su vida en armonía con la madre tierra…

Y si queréis saber más os compráis el libro en Amazon, en El Sueño de Pepa o la Librería Margen si estáis en Valladolid o me mandáis un mensaje y os pongo en contacto con Piluca, porque en realidad es amiga mía y toda esta historia que os he contado es una excusa para escribir una reseña de su libro tal como le prometí cuando me dedicó el libro… y a mí la cabeza sólo me da para cosas como esta, que ya me gustaría que me diese para escribir cosas tan cojonudas como la historia de Julia, la que vino del mar.

La romana que vino del mar en Facebook aquí.

Que la fuerza os acompañe.

Photo Credit: Yo mismo.

Palabras malditas. 6 escritos de Satanopoulas que en su momento no se leyó ni el Tato (y por algo sería).

Hola, amigos. ¡Qué jodidas son las vacaciones!… Son tan jodidas que yo las paso con la Sra. Satanopoulas para que se me hagan más largas… ya sé que esta gracia la hago todos los veranos, pero hasta que no la dejo por escrito, para mí no han empezado las vacaciones. Sigue leyendo Palabras malditas. 6 escritos de Satanopoulas que en su momento no se leyó ni el Tato (y por algo sería).

Historias Prestadas. El día del juicio final, cine, marihuana y mundos que son pañuelos.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… ¿y qué me decís de la crisis de vocaciones religiosas? A mí lo que me cuentan porque yo hace tiempo que no consumo, pero debe ser una movida porque dicen que más difícil encontrar un cura que graduar la vista a Leticia Sabater. Sigue leyendo Historias Prestadas. El día del juicio final, cine, marihuana y mundos que son pañuelos.