Sé lo que me hicisteis en la última endoscopia.

Por arriba, por abajo,

calentitos, bien pegados .

Por arriba, por abajo…

Por arriba, por abajo. Ricky Martin.

Hola, amigos, ¡qué jodida es la crisis!… qué jodidos son los martes y trece, si pasas por la calle, ves una escalera en la que está subida una rubia teñida y sin depilar y pasas por debajo, ¿dará doble mala suerte? Yo digo que sí, porque además de pasar por debajo de una escalera es probable que si miras hacia arriba veas que también te estás cruzando con un gato negro…

Igual a vosotros nunca os ha pasado, pero yo rara es la semana que no me encuentro tres o cuatro rubias de bote sin depilar y desnudas subidas a una escalera instalando fibra de Vodafone. Otra duda que tengo: ¿mayonesa de bote, chocho morenote?… al lío.

Esta semana he disfrutado de mi primera Abalorio Experience, que no es otra cosa que introducirte un tubo por la boca (ellos lo llaman gastroscopia) y otro por el recto (ellos lo llaman colonoscopia), de manera que tú quedas por unos instantes como un pequeño abalorio de nácar atravesado por el cordón de cuero de un artesano hippie de los de antes, de los de las playas de Ibiza de antes y más fumado que el Melendi de antes.

La verdad que al final la realidad no se acerca ni un poco a las expectativas… tú te imaginas un retén de sudorosos bomberos a cada lado, mandando hacia tus entrañas una manguera como un puño de gorda y con una GoPro en la punta, y un médico gritando ordenes a los operarios hasta llegar al objetivo, que no es otro que que las GoPro se encuentren en lo más profundo de tu ser, suene Unchained Melody de los Righteous Brothers, se entrelacen en un tierno y apasionado abrazo mangueril mientras una de ellas coge las manitas de la otra y empiezan a moldear un anforita de barro… y de repente el médico grita: ¡mariconadas las justas!, chavales, saquemos esto de aquí que he quedado en recoger a los niños que están en pádel…y en realidad te recibe una enfermera muy agradable, te pone una inyección muy agradable, te saludan más personas agradables que ya no sabes quien son porque empiezas a pensar más como el Cigala que como tú mismo y ¡chas! Te despiertas… te dicen que todo ha ido bien, tú preguntas por el senegalés que está de prácticas, porque solo se te ocurre una explicación para el dolor que tienes en lo más profundo de la garganta (en el otro extremo nada…) y te piras.

Bendita sedación, benditos sean los anestesistas… lo de que el mejor amigo del hombre es un perro es una cosa para nosotros los pobres, el mejor amigo del hombre es el anestesista… mirad Michael Jackson, estaba forrado y no tenía perro, pero sí tenia un anestesista… y hacia el moonwalker que daba gusto verlo y… bueno que me lío.
Cuando salí de la Abalorio Experience lo único que sentía (además de la huella del senegalés en prácticas) era un vacío enorme, me faltaba algo y eso me preocupó:

– ¿Qué tal te encuentras, cariño? – me pregunta la Sra. Satanopoulas.

– Vacío, noto que me falta algo… me siento vacío… ¿crees que deberíamos ir al psicólogo?

– Igual era mejor que bajásemos a la cafetería, que hace casi 24 horas que no comes sólido y además te has tomado esos sobres diabólicos… anda siéntate un poquito aquí que te estás quedando blanquísimo…

Y allí me senté, a mi lado estaba mi amigo Florin Gintonescu, el Míchel de Timisora, un interior con un guante en la pierna izquierda famoso por su costumbre de tocar los genitales de los contrarios en los corners, especialmente si los contrarios eran colombianos. La ilusión del padre de Florin era que fuese el mejor acordeonista de Rumanía, pero al final tuvo que rendirse a la evidencia y su hijo acabó dedicándose a balompié profesional y recalando en el gloriososo Olimpiakos de los 90, donde coincidimos.

– ¿Qué tú haces aquí, Alfonsas?

– Naaaaaa, la abalorio experience, Florin… ¿cómo tú por el corazón de Castilla, Michel de Timisoara?

– Ja, ja, ja… recuerdas tú apodo mío, hermano, ja, ja, ja.. yo ha venido por médicos vuestros.

– ¿También te han hecho el abalorio?

– No, no, no… como oportunidad última yo vengo, gran problema el mío, Alfonsas, si no solución aquí, no sé yo qué cosa hacer ya…

Parece ser que mi amigo Florin tenía un grave problema de salud que sólo se podía solucionar en un conocido hospital de Valladolid (de cuyo nombre no voy a acordarme), que dispone de un programa experimental y unas instalaciones únicas en su campo de investigación.

Cámara metanohiperbárica, llaman a cosa esa.

– ¿Y qué problema tienes, tío?

– No huelen mis pedos, Alfonsas, no huelen, no suenan… yo vivir así no puedo.

– Ja, ja, ja… ¿pero qué me estás contando, Florin?

– No es para risa, no puta gracia… pedos no olor, pedos no sonido… vida puta mierda… vida no merece pena… ellos meten en cámara, fuerzan yo tirar pedos, analizan aire, analizan ondas, analizan vibraciones, analizan la madre puta analizan… ellos podían salvarme a mí.

– ¿Y cómo ha ido?

– No sé que pensar tengo… yo hago dieta que ellos piden, por quince días dieta hago… yo vengo a mi hora, yo entro a cámara, tiro pedos cuando ellos piden y salgo de cámara, médico, enfermeras y auxiliares llorando todos… una de ellas en papelera vomitaba, disgustos y tensión malo para estómago mi abuela dice..

¿Tan grave es doctor? Tan grave noticia que como un hombre no dar puede… yo aguanto todo, yo situación afronto… yo… Ellos siguen llorando, como puños lágrimas, Alfonsas, berrinche grande el que tienen. Pero el doctor serio mira fijamente a mí, y dice:

¿No huelen y no suenan, Florin? ¿No huelen y no suenan? Mecagüensusputosmuertostransilvanos, Florin. Coja su informe, tire para su tierra natal y pida cita con un buen otorrino, mecagüensuputamadre… ¿no huelen y no suenan?…

En ese momento sentí una mano que me sacudía:

-Vamos, Alfonsas… al final ¿psicólogo o cafetería? Que no tengo toda la tarde.

– Lo que tú quieras cariño, pero sácame de aquí porque… en ocasiones veo rumanos.

– Qué cruz contigo, Alfonsas.

– Mira como hago el moonwalker…

Buen fin de semana, amigos. Que la Fuerza os acompañe.

Photo credit: Clement127

 

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