El microfondista, su mujer y otras cosas del correr.

Hola amigos, ¡qué jodida es la crisis!… es tan jodida que no nos podemos parar a pensar en las cosas importantes de la vida, por ejemplo, ¿por qué todos sujetamos el tique del parking en la boca de forma que se te queda pegado y vamos como gilipollas hasta que nos cruzamos con otro tío que va igual y pensamos ¡menudo tontolapolla!?

Este verano la Sra. Satanopoulas nos llevó al Parque Natural de Cabárceno. Para el que no lo conozca, decir que allí está todo muy lejos, cuenta la leyenda que un tío salió de una punta del parque justo al empezar una pausa publicitaria de Antena 3 y llegó a la otra punta justo cuando acababa el último anuncio… sé que puede sonar exagerado, yo también lo creo, seguramente el tío se paró a ver el espectáculo de los leones marinos y a echar de comer a las jirafas… al lío.

Allí los animales tienen grandes extensiones de terreno para vivir y la gente se desplaza por el parque en coche… la Sra. Satanopoulas y yo, observamos a un tipo con ropa de running que estaba viendo a los animales con la familia, después la mujer, la abuela, un primo tonto y los niños se subían al coche y el iba corriendo a ver al siguiente animal… primero estiraba, corría y estiraba al llegar (“¡cómo debe de ser!, por no estirar producen un gran número de lesiones”, apuntaba la Sra. Satanopoulas que no es runner pero casi)… y así todo el puto día.

Al final me encontré con el primo tonto en el baño, “oye tío, el señor que corre ¿quién es?”, “es mi primo, barbitas”, “¿y por qué no sube en el coche?”, “porque es runner”, “ya pero…”, “es adicto, barbitas, no puede dejarlo”, “ya pero…”, “no, si en casa preferimos que corra, barbitas, si no corre habla de revistas de correr, de zapatillas deportivas, de lesiones, de ultramaratones y de su puta madre, en casa le llamamos Runner Gump…”

Se lo cuento al Villegas, y para mi sorpresa me contesta: “tú no sabes, el problema tan grave que tenemos en este país, el caso del “microfondista” de Cabárceno no es un caso aislado, son multitud de personas a lo largo y ancho del país con este problema, hombres, mujeres, jóvenes, viejos, ejecutivas, albañiles, dependientas, médicos… un drama personal, familiar y social. De hecho he creado una ONG de las mías y me estoy forrando, “Anonymous Runners”, para esta gente lo que no está en inglés no tiene tirón, de hecho me voy ahora mismo que tengo una terapia”… sí claro, me fui con él…

Entramos en el local y allí estaba el típico círculo de sillas de madera con no menos de 20 sillas, nos hacen hueco, el Villegas me presenta y da comienzo a la reunión… se levanta un chaval joven.

– Me llamo Juanra y llevo una semana sin decirle a nadie que hago runnig y tres días sin compartir mis tiempos de Runtastic en el facebook.

– ¡Bienvenido Juanra, te queremos! – y se van levantando uno a uno.

– Me llamo Manu y llevo un mes mirando el culo a las chicas en mallas en lugar de mirar a sus pies e intentar averiguar si son pronadororas o supinadoras.

– ¡Bienvenido Manu, te queremos!

 

– Me llamo Soraya y llevo cinco días sin decirle a nadie que no estirar es la causa de la mayoría de las lesiones musculares que se producen en la práctica del running… bueno y un calzado inadecuado también.

– ¡Bienvenida Soraya, te queremos!

– Me llamo Asun y llevo dos meses sin decir a mi marido que en el Triple Maratón de Nagorno Karabaj hice peor tiempo que él por la puta fascitis plantar, que es mucho más dolorosa que la tendinitis que arrastra él desde el Ultraman de las Nuevas Hébridas.

– ¡Bienvenida Asun, te queremos! Y olé tus cojones, campeona.

– Me llamo Jon Ander, soy el marido de Asun y llevo seis meses sin decirle a mi cuñado que el running es una forma de vida, que te ayuda a encontrarte contigo mismo, que el único rival eres tú mismo y los límites te los pones tú.

 – ¡Bienvenido Jon Ander, te queremos! – entonces se levanta un abuelete que llevaba todo el tiempo callado.

 

– Me llamo Juan Francisco y llevo dos meses sin follar.

 

La peña mirando al suelo, yo no sabía donde meterme, aquello me superaba, el Villegas le anima a explicarse.

 

– … dos meses sin follar – dice con lagrimas en los ojos – yo he sido hombre de polvo y/o paja diaria, siempre con mi mujer, eso sí, bueno las pajas con la mano derecha… llámenme clásico, con la izquierda no me apaño, pero desde que empecé con el puto running no he vuelto a ser el mismo – ahora ya lloraba desconsoladamente.

– Sigue Juan Francisco, te queremos…

– El caso es que por culpa del puto running deje de fumar y después de cada polvo, me entraban ganas del cigarrito de después, yo no quería fumar, ¡joder, me esta preparando para el Maratón de Ulan Bator!, y salía a correr y me apretaba 20 kilómetros para quitarme la ansiedad, mi mujer se preocupaba porque tardaba en volver, me ha prohibido correr después de un polvo, dice que quiere que la abrace y le diga cosas bonitas, como antes, y yo no quiero fumar, ¡joder!, llevo dos meses sin follar, tres sin fumar y estoy que me subo por las paredes.

– ¿Y las pajas no le relajan? – pregunté rompiendo el sepulcral silencio.

– ¡¡Tampoco puedo, joder!! me ha dicho mi personal trainer que las pajas son ejercicio anaeróbico y me va fatal para la preparación, que no tienes ni puta idea, barbitas.

Buen fin de semana amigos, que la fuerza os acompañe.

Photo Credit: Kristina Alexanderson

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