Sexo, chocolate y un Erasmus de la Baja Silesia.

Desde entonces en verano
nunca pido ensaladilla
ni antes de dos horas de digestión
me tiro al mar
he dejado de abusar
del tabaco, del café,
del tinto y del prozac,
pura Felicidad.
Felicidad. La Cabra Mecánica.

A veces no sabemos dónde empieza un problema y dónde empieza la solución, lo que yo sí sé es que el chocolate nunca es un problema y las más de las veces es la solución… no pensó eso durante un tiempo el joven Stanislaos Porlaniev, un joven estudiante polaco que, procedente una pequeña granja de la Baja Silesia, llegó a Valladolid con una beca Erasmus hace unos años, aunque finalmente se dio cuenta de que sí, el chocolate era la solución de sus problemas.

Mal empieza el post, pensaréis mis lectores habituales… ¿que m****a es esto?, preguntaréis los que llegáis aquí por primera vez… calma, esta es la historia de cómo los chocolates de LA SUPERLATIVA se convirtieron en un problema para un joven Erasmus gourmet y cómo acabaron siendo la solución…

Y es que quiso el azar que Stanislaos Porlaniev obtuviese una beca Erasmus para cursar estudios de Filología Hispánica en la universidad vallisoletana, quiso que conociese a una joven residente del vallisoletano barrio de La Rondilla y quiso, además, que la joven Mayca Pana de Elgorriaga, que así se llamaba la joven rondillera, fuese clienta de Carnicería Rosa, donde su amigo José Collazos, Calufo, vende productos de la mítica fábrica toresana de chocolates.

Stanislaos se aficionó al chocolate a la taza de La Superlativa, al negro 99% cacao, al 70% cacao (con avellanas, con almendras o “mocho pelón”) y a cualquier otro… siempre que lo firmasen los chocolateros zamoranos de la mencionada marca. También se aficionó, como os podéis imaginar, a Mayca Pana y otras cosas que no vienen al caso.

Tasty Treat

El tiempo pasó rápido para Stanislaos y Mayca y después de unos apasionados besos en la Estación del Norte – Campo Grande, unos “mándame un whatsapp o algo”, otros “luego ya si eso”… nuestro joven estudiante volvió a su Chojnów natal.

De vuelta a Polonia Stanislaos se reencontró con la granja familiar, con la familia, con su amigos y con su novia de toda la vida, Andżelika Preier. Con el paso de los días nuestro joven amigo no encontraba sosiego, la vuelta a las labores de la granja los fines de semana, los estudios a diario, la pintas de Tyskie y Tatra, los cariños de su novia… nada era suficiente para él… él echaba de menos, ¡cómo no!, su chocolate favorito…

Al principio intentó sustituir el chocolate cermeño por variedades locales, craso error… empezó a engordar, aunque todos los que tenemos dos dedos de frente sabemos que el buen chocolate no engorda, que lo que engorda son esos chocolates malones que venden por ahí... y si nos ponemos técnicos ni esos, los que engordan son los que los comen. Stanislaos seguía sin encontrar consuelo… en un golpe de ingenio pensó que si el chocolate estaba considerado un sustitutivo del sexo, quizá él fuese un caso extraño y pudiese sustituir el chocolate con sexo… error.

Se convirtió en un adicto sexual, Andżelika se cansó de él y su insaciable apetito, acabo buscando “amores mercenarios” (como dice el famoso cantautor polaco Joachim Sawinak) y probaba cualquier cosa con tal de conseguir algo de consuelo… pero tampoco… se dejó físicamente, andaba como alma en pena por la granja, no se presentaba a los exámenes…

Sus amigos, su familia y la misma Andżelika estaban preocupadísimos, tanto que la antigua novia de nuestro amigo hizo de tripas corazón y contactó con la fugaz amante española de nuestro Erasmus chocolatero… cuando Mayca escuchó las explicaciones de la joven polaca rápidamente se dio cuenta del problema… no era la primera vez que escuchaba una historia similar… contactó con José el carnicero de La Rondilla a ver si se le ocurría algún tipo de solución, éste contactó con Villegas, un compañero de batallas solidarias que rápidamente puso en marcha los engranajes de su ONG “Que no me entere yo que ese Erasmuscito Gourmet pasa hambre” (Erasmuscitos Gourmet, en el mundillo) y se estableció un puente chocolatero desde el corazón de Castilla al voivodato polaco.
Con la ayuda de Villegas y los voluntarios de su ONG Stanislaos ha vuelto a ser lo que era, nunca le falta su onzita o su tazón de chocolate de Chocolates La Superlativa, ha terminado los estudios, aún no tiene trabajo (Filología Hispánica en Polonía tiene más dificil salida que el IKEA) pero ayuda en la granja familiar cuando es necesario; su familia está contenta, tranquila y agradecida a la ONG; su novia está contenta, mucho más tranquila, satisfecha en todos los sentidos y locamente enamorada de su Stanis… es más, hasta los animales de la granja están mucho más tranquilos.

Hasta aquí hemos llegado… mis más sinceras disculpas.

Alfonsas Satanopoulas
Valladolid, mayo 2017

Imagen Tasty Treat procedente de Flickr por wwarby

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